Peces

Hoy en día existen dos formas principales de explotación de peces: los buques pesqueros y las piscifactorías. Los buques pesqueros están equipados con redes de varios kilómetros de longitud para llevar a cabo la pesca de arrastre, que consiste en arrastrar estas redes por el fondo marino, llevándose por delante a todos los animales que se cruzan en el recorrido. Durante este proceso, que puede durar horas, los peces sufren gran estrés y ansiedad al verse atrapados sin poder escapar, y a medida que la red se llena, comienzan a ser aplastados unos por otros. Cuando se recogen las redes, sufren una descompresión extrema que hace estallar sus globos oculares y su vejiga natatoria, dañando gravemente sus órganos internos. La mayoría son destripados en el barco cuando aún están vivos, y pueden permanecer así, conscientes, durante una hora. Las piscifactorías son fábricas de peces —generalmente salmones, anguilas y truchas— criados en tanques tanto en tierra como en mar abierto. En un mismo tanque pueden convivir hasta 50.000 salmones, lo que les provoca numerosas enfermedades: entre el 20 y el 50% mueren por causas como el cáncer. Al estar confinados, se vuelven agresivos, se hieren entre ellos, desarrollan deformidades, infecciones y cataratas que acaban dañando sus córneas hasta dejarlos ciegos. Muerte Existen varios métodos para asesinar peces: el sangrado sin aturdimiento, cortándoles las agallas y dejándolos desangrarse mientras se revuelven durante varios minutos por el dolor; la electrocución a través del agua, que si no tiene suficiente potencia los deja conscientes; la asfixia, sacándolos del agua o metiéndolos en hielo, lo que puede prolongar su sufrimiento durante quince minutos o más; y el golpe en la cabeza, que provoca hemorragias cerebrales masivas.