Cerdos

En las granjas de España viven 25 millones de cerdos, y mueren cada año decenas de millones. Las explotaciones extensivas suponen solo el 8% del total: en ellas los cerdos gozan de mayor libertad de movimiento, salvo en el parto, cuando las madres son metidas en cubículos, y siempre que el ganadero decida acelerar el engorde, momento en el que son confinados. Cuando el animal alcanza el peso esperado, es enviado al matadero, poniendo fin a su vida e ignorando que deseaba seguir viviendo. Muchas personas creen que los animales no sufren en las granjas extensivas o "ecológicas", pero toda explotación genera sufrimiento: separarles de los suyos, encerrarlos en un camión sin entender qué va a pasar, hacerles sentir el miedo, la sangre y los gritos de sus compañeros. Las granjas extensivas o ecológicas son también negocios donde los animales son un medio para convertir costes en beneficios. Explotaciones intensivas Existen cuatro tipos: las de producción de lechones, donde los bebés son separados de sus madres a los pocos días de nacer para obtener el llamado "cochinillo"; las de producción de cerdos cebados, que compran lechones y los ceban con destino al matadero; las de reproductoras, centros de selección de cerdas embarazadas una y otra vez hasta que su capacidad reproductiva deja de ser rentable; y las de ciclo cerrado, que realizan todo el proceso en la misma explotación. La ley exige que cada cerdo tenga un espacio de entre 0,15 y 1 metro cuadrado según su peso, y solo obliga a alimentarlos una vez al día. Existen prácticas explícitamente permitidas que se suelen realizar sin anestesia: reducción de los dientes, acortamiento del rabo, castración y anillado del hocico. Al ser introducidos en los cubículos, los cerdos luchan desesperadamente por su libertad, mordiendo y golpeando los barrotes metálicos, lo que les provoca una terrible frustración y graves problemas mentales, además de enfermedades y problemas respiratorios por el hacinamiento y la falta de higiene. Muerte Tras el aturdimiento, los cerdos son colgados bocabajo por las patas traseras y trasladados hasta el matarife, que les produce una incisión profunda en la papada hasta llegar al corazón. La mayoría muere desangrada antes de llegar a la cámara de escaldado, donde muchos aún estarán conscientes.